La Dinastía Ming, el Ajedrez Chino y la leyenda de Hua-Shan


Piezas de ajedrez de la dinastía Ming
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La dinastía Ming fue la penúltima dinastía china, que gobernó entre los años 1368 y 1644. Sucedió a la dinastía Yuan (1279-1368), de origen mongol. Su sucesora sería también una dinastía extranjera, la dinastía manchú de los Qing (1644-1911). La dinastía Yuan de los mongoles tuvo que enfrentarse en el siglo XIV a numerosas revueltas debidas en gran parte a los desastres naturales que asolaron China en aquella época. El descontento con una dinastía que, además, era vista como extranjera, provocó numerosas rebeliones. Una de estas rebeliones, que acabaría estableciendo la nueva dinastía Ming, fue encabezada por el monje budista Zhu Yuanzhang, que funda la dinastía Ming ("brillante"), con capital en Nanjing, en el año 1368. Zhu Yuanzhang se convirtió así en el primer emperador de la dinastía Ming. Utilizó el nombre de época Hongwu para todo su reinado, por lo que se le llama habitualmente el "emperador Hongwu".
Zhu Yuanzhang, conocido como Emperador Hongwu, fundador de la dinastía Ming El emperador Hongwu, soberano competente y eficiente, aunque algo despótico, instauró la paz y la prosperidad. Reformó la sociedad china: abolió la esclavitud, confiscó las grandes propiedades y las redistribuyó entre los pobres, y exigió más impuestos a los ricos. Con Hongwu resurgió el orgullo nacional y la seguridad de los chinos en sí mismos. China empezó a reafirmar su poder sobre sus vecinos, y su ejército era capaz de repeler los ataques externos. Su sucesor acabaría siendo su hijo, el emperador Yongle. Éste subió al trono tras una breve guerra civil en que se hizo con el poder arrebatándoselo al sucesor legítimo, sobrino suyo. Su falta de legitimidad le hacía tener enemigos en Nanjing, por lo que decidió trasladar la capital a Beijing (Pekín), donde tenía su base de poder. Sin embargo, para poder ejercer el poder desde el norte era necesario tener buenos medios de comunicación con el sur, por lo que la capital se mantuvo en Nanjing hasta que se acabó de construir el Gran Canal.
Zhu Di, conocido como Emperador Yongle, tercero de la dinastía Ming La Ciudad Prohibida de Pekín
El período Ming se caracterizó por una gran creatividad. Los emperadores Ming apoyaban las artes y construyeron numerosos palacios. A partir de 1421 vivieron en la Ciudad Prohibida de Pekín (en la foto), un inmenso complejo de palacios, templos y parques. Ni los extranjeros ni la mayoría de los chinos podían acceder al recinto; tan sólo entraban los familiares del emperador, los funcionarios y los sirvientes de la casa real. Sería precisamente durante el reinado de Yongle cuando China se convertiría en la primera potencia marítima del mundo, como evidencian los siete viajes del almirante Zheng He. Y es que sin duda los juncos chinos eran en esa época los más grandes y mejores barcos del mundo, a cuyo lado las pequeñas carabelas españolas y portuguesas quedaban a la altura de cascarones de nuez.
El Sampán o Junco chino Zheng He, "el Colón chino", fue uno de los navegantes más importantes de la historia, pero su nombre no figura en los manuales, a menos que estos hayan sido impresos en Pekín. El gran eunuco recorrió a principios del siglo XV todo el Océano Índico, viajó por el Golfo Pérsico, exploró la costa oriental de África y parte del Pacífico. Recientemente, un polémico estudio firmado por el ex-comandante de submarinos británico Gavin Menzies afirma que Zheng He hizo mucho más: entre 1421 y 1423, rodeó el continente negro, atravesó el Atlántico, descubrió América, cruzó el estrecho de Magallanes y fue el primero en circunnavegar el mundo. Si ello fuera cierto, resultaría que Zheng He llegó a América 70 años antes que Cristóbal Colón (1492), y dió la vuelta al mundo 100 años antes que Fernando Magallanes y Juan Sebastián Elcano (1522). La elegante porcelana Ming
La porcelana azul y blanca tuvo su apogeo en la dinastía Ming, sobre todo durante los reinados de los emperadores Yongle, Hongxi y Xuande. En las imágenes, dos jarrones de la dinastía Ming. La época Ming fue una época de crecimiento económico y esplendor cultural en que se produjeron los primeros contactos comerciales entre China y las potencias occidentales. Precisamente, el comercio con las potencias occidentales y con Japón, que los Ming intentaron impedir durante mucho tiempo, llevarían a una mercantilización de la sociedad similar a la que se había producido durante la dinastía Song (960-1279). Estos contactos con otros países, sin embargo, mostraron la debilidad de China frente a Japón y las potencias europeas. La dinastía Ming entraría en declive económico y social hasta su caída durante el reinado del emperador Chongzhen, que se suicidó en 1644 cuando Pekín fue conquistada por un ejército rebelde liderado por Li Zicheng. El vacío de poder que se produjo en China facilitaría la entrada de los conquistadores manchúes, la nueva dinastía Qing. Para los soberanos Ming, que se mantuvieron en el poder casi 300 años, China era el centro del mundo. Emperadores de la Dinastía Ming
La Gran Muralla China
La Gran Muralla China alcanzó su mayor extensión (más de 6.000 Km), bajo la dinastía Ming. El 7 de Julio de 2007 fue nombrada como una de las siete nuevas maravillas del mundo moderno. En el año 2006 fue hallado un tablero de ajedrez del siglo XIII grabado en una piedra de la Gran Muralla. Según los arqueólogos, el tablero fue usado por vigilantes, posiblemente durante la dinastía Song, y se encuentra junto a una de las torres de vigilancia del célebre monumento. Además se ha encontrado en el mismo lugar otro tablero grabado de un popular juego de esa época, llamado "el tigre se come a la oveja". El tramo donde se localizaron estos grabados está junto a la localidad de Qinhuangdao (noreste de China), el extremo oriental de la muralla, junto a las costas del Mar de Bohai. Aunque la existencia de estos tableros de ajedrez no se nombra en ningún documento histórico, los historiadores consideran que este tipo de juegos eran muy usados por los soldados de la Gran Muralla, durante siglos, con el fin de matar las largas jornadas de vigilancia. La Gran Muralla se edificó hace más de dos milenios para intentar frenar las invasiones de pueblos nómadas del norte de Asia (mongoles, hunos...) a China, aunque no siempre logró su cometido. Los tramos mejor conservados de esta muralla se encuentran en las cercanías de Pekín, y pertenecen a las partes del muro que fueron restauradas y reforzadas durante la dinastía Ming. El ajedrez chino (Xiang Qi)
El ajedrez chino, conocido en China como "Xiang Qi", es una variedad del ajedrez "internacional", en el que el objetivo es el mismo (matar al rey), pero existen algunas diferencias; por ejemplo, no hay reina o dama, y hay "cañones" y "ministros". Una teoría actual defiende con argumentos muy serios que el origen del ajedrez está en China. Según dicha teoría fue inventado en los años 204-203 a.C. por Han Xin, un líder militar, para dar a sus tropas algo para hacer durante el campamento de invierno. El juego chino de los elefantes (Xiang Qi) deriva del Chaturanga y lo transmitieron a Corea y Japón. Se juega sobre un tablero cuadrado. Posee una zona neutral: el río fronterizo. El río simboliza una frontera defensiva. Los elefantes no pueden cruzar el río. Además los peones pueden moverse de lado al cruzar el río. No existe la promoción del peón pero adquieren la cualidad de moverse de lado. Se juega con fichas planas y redondas, que se colocan en las intersecciones de las casillas, en las que están escritas las figuras que representan. Los chinos afirman que la reglas modernas del ajedrez chino fueron formuladas durante la dinastía Song, hacia el año 1.000 d.C. En china el ajedrez chino es mucho más popular que el ajedrez entre nosotros, lo que lo podría convertir en un juego más practicado. La leyenda de Hua-Shan: El monte de los Inmortales
Refugio milenario de los taoístas, Hua-Shan simboliza mejor que ningún otro monte chino una doctrina sustentada en rígidas prácticas mentales y físicas dirigidas hacia un objetivo último: la inmortalidad. "Cerca de la cumbre del Monte Hua-Shan, me encontré con una inscripción en una roca que decía: 'Todo aquel que sobrepase este punto se convertirá en medio inmortal'. Seguí subiendo penosamente. Sin embargo, dudo de si volveré a tener la fuerza o la valentía de ascender de nuevo el Monte Hua-Shan para ver si puedo inmortalizar mi otra mitad". Así describía el escritor norteamericano Foster Stockwell la ascensión que realizó al monte Hua-Shan en 1983. Muchos otros viajeros occidentales que han conseguido coronar los cuatro picos de esta escarpada montaña también han comprobado la dificultad de la ascensión y experimentado la rara sensación de "convertirse en medio inmortal", aun sin estar iniciados en taoísmo ni saber nada de la mencionada inscripción. No en vano, a medida que se asciende por este emblemático monte, parece que uno estuviera llevando a cabo una de las tareas más arduas de su existencia. Escaso esfuerzo comparado con el efectuado por los monjes taoístas que, orgullosos de prosperar con las privaciones y las dificultades, han construido en las empinadas laderas magníficos templos y un largo sendero hasta la cima, una auténtica escalera que partiendo del mundo permite identificarse con la vía celeste (T'ien-tao) y rozar el espíritu del Tao, causa permanente del devenir universal y del mundo fenoménico que procede de él y vuelve a él. Escalera al cielo Desde tiempos inmemoriales el monte sólo ha tenido un sendero único, pero es tan escarpado y estrecho -en algunos puntos el cielo parece un pequeño pozo- que la sensación de peligro es permanente. Hay cadenas para ascender por los escalones -unos diez mil- esculpidos en la roca, pero en algunas zonas del recorrido es preciso sujetarse con las dos manos para evitar el vértigo y el pánico, ya que buena parte del sendero atraviesa precipicios a ambos lados como el del Dragón Negro (canglongling), esculpido en una empinada arista de roca que tiene tan sólo 80 centímetros de anchura. Hay varias secciones de "cuello de botella" casi verticales, que son sumamente peligrosas cuando hay muchos peregrinos, sobre todo si además hay hielo y agua. Y cuando uno piensa ingenuamente que ha dejado atrás lo más duro de la escarpada ruta se encuentra con unos empinados peldaños que ascienden por un desfiladero con un ángulo de 90 grados. Se trata de la "garganta de los cien escalones". No acaban ahí los sustos: un poco más adelante hay que atravesar el "puente de los dos inmortales", y luego el "entrecejo del mono" para alcanzar caerya, paso que significa "subiendo a la escalera del paraíso".
Una idea de la dificultad de la ascensión la muestra el hecho de que durante la Revolución Cultural, los Guardias Rojos que intentaron destruir todos los templos taoístas sólo consiguieran derrumbar los situados en la parte inferior. Sin embargo, la prueba de resistencia física que supone el ascenso a Hua-Shan no detiene a aquellos que desean disfrutar de este magnífico escenario de picos y precipicios verticales, cascadas, manantiales y pinos venerables. Los peregrinos chinos que visitan el monte parece que si estuvieran haciendo una pequeña excursión y todas las primaveras, entre lilos y almendros en flor, se ve ascender por el abrupto sendero a miles de ellos sonrientes, incluidas ancianas de pies deformes. Es un misterio
cómo construyeron los antiguos taoístas este sendero.
Se cuenta que el gran filósofo Lao-Tse, morador de Hua-Shan,
surcó los escalones con un arado de hierro en una tarde al ver
la dificultad que tenía la gente para abrir un sendero en la
montaña. Así y todo, tuvieron que colgarse desde las rocas
con cuerdas para esculpir los peldaños en el desfiladero. Igualmente
difícil tuvo que ser el acarreo de los materiales de construcción
para los numerosos templos que erigieron en los cinco picos. Algunas
de las piedras debieron de ser llevadas a rastras por la cara del abismo
con los monjes sujetos a cadenas, cuerdas y incluso lianas para arrastrarse
a gatas. Aunque ahora un funicular hasta el Pico Este resulta muy caro
y la mayoría de la gente precisa subir a pie, sobre los hombros,
todo lo necesario para abastecer las necesidades de los templos y de
los rudimentarios hoteles que hay en el camino. Desde Hua-Shan, el pueblecito
emplazado en su falda, se tarda unas diez horas sin descansar en alcanzar
la última cumbre, de forma que es preciso hacer noche. Inscripciones y leyendas Una partida de ajedrez Poetas, sabios y pintores han dejado inscripciones caligráficas en las rocas de la montaña enriqueciendo así su belleza. Estas caligrafías suelen estar hechas previamente con pincel y sobre papel y luego son copiadas en la piedra por auténticos artesanos. Algunas son pensamientos o poemas escritos en chino literario, incomprensible para muchos chinos modernos; otras simplemente señalizan el camino o se refieren a los templos taoístas que jalonan el sendero a las cumbres. Todos ellos poseen leyendas. El templo de la Primavera de Jade, por ejemplo, se encuentra en la base del monte y fue construido hace más de novecientos años en memoria del monje taoísta Chen Tuan. Al parecer, Zhao Kuangyin, el fundador de la Dinastía de la Canción del Norte (960-1127), jugó un día al ajedrez con dicho monje, pero el futuro emperador perdió la partida y la montaña se convirtió en propiedad de los taoístas. Desde entonces los emperadores feudales de las dinastías posteriores nunca exigieron tributo a los taoístas de Hua-Shan. El sitio de la famosa partida de ajedrez se ha preservado y hasta principios del siglo XX poseía un tablero de ajedrez con las piezas colocadas tal y como estaban al final de aquella famosa competición. También hay leyendas relativas a los cuatro picos de granito que coronan Hua-Shan situada en el condado de Huayin, 120 kilómetros al este de Xi'an, con una altitud de 2.200 metros, que a su vez enlazan las cordilleras de Quinling en el sur y bordean el Río Amarillo y el Wei en su parte noreste. El Pico
Medio de Hua-Shan también se llama el Pico de la Chica de Jade.
Se dice que en primavera y en otoño Nongyu, hija del duque Mugong
del estado de Quin, fue atraída por el sonido de una flauta que
tocaba Xiaoshi. Abandonó su vida en la corte y volando en un
fénix siguió a Xiaoshi hasta aquel pico para vivir recluida
allí. La leyenda del Pico Oeste explica la existencia de una gigantesca grieta en la mitad como si se hubiera partido con un hacha. Los sacerdotes del templo todavía muestran la marca. En el mango de un gran hacha hay una inscripción que narra la historia: se dice que un erudito que iba de camino a Chang'an para pasar un examen imperial atravesó el monte Hua-Shan y allí se encontró a la diosa del monte. Se enamoraron y tuvieron un hijo. Como a los inmortales no se les permitía amar a los mortales, la diosa fue apresada bajo la gigantesca piedra. Cuando su hijo creció consiguió partir la piedra con un enorme hacha y liberó a su madre. También se cuenta que los taoístas inmortales se elevaban al Cielo desde las cumbres de Hua-Shan. Ellos se elevaban al cielo, pero todo aquel que ha subido a Hua-Shan se ha convertido en "medio inmortal" y, entre su mar de nubes, ha estado más cerca del cielo. La mejor partida de la historia del ajedrez chino "Furia Oriental", La Inmortal China
Liu Wen Zhe
Partida analizada y comentada por Richard Guerrero |
"La vida es como un juego de ajedrez, cambiando con cada movimiento
"El ajedrez es un océano en donde un mosquito puede beber y un elefante bañarse"
(Proverbios chinos)
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