'El match del siglo'
Spassky - Fischer, Reykjavik 1972
El match despertó una espectación como jamás conoció el mundo del ajedrez, muy superior incluso al famoso encuentro de 1927 en Buenos Aires entre Alekhine y Capablanca, donde el cubano, contra todo pronóstico, resultó derrotado. En aquella ocasión numerosos críticos afirmaron que Alekhine no conseguiría ganar ni un juego, basándose no sólo en la gran calidad de Capablanca, sino también en que el ruso-francés jamás le había derrotado.
En la presente, sin embargo, las opiniones estaban divididas, y si bien la mayor parte de los Grandes Maestros veían como vencedor a Fischer, otros muchos confiaban en Spassky, un hombre, decían, que jamás se amilana ante las derrotas, que nunca fue vencido por Fischer y que cuando se encuentra en desventaja se vuelve mucho más peligroso.
A Fischer no le preocupaba demasiado el "score" desfavorable con su próximo rival, y cuando en alguna ocasión le hicieron observar que jamás había derrotado a Spassky, se limitaba a contestar:
-Tampoco
lo había logrado Alekhine y se proclamó Campeón Mundial.
-¿No respeta usted al actual Campeón
Mundial?
-¡Vaya Campeón!, yo no jugué las
eliminatorias.
Por otra parte, entre noviembre y diciembre de 1971, Spassky jugó su último torneo en Moscú, antes de comenzar la preparación para el match y su actuación resultó muy mediocre, clasificándose en séptimo lugar, tras Karpov, la nueva estrella rusa que resultó vencedor, Stein, Smyslov, Tukmakov, Petrosian y Tal, hasta dieciocho jugadores.
La actuación de Spassky fue más que discreta para un Campeón Mundial, pues sólo venció en cuatro partidas, resultó derrotado en dos, Petrosian y Korchnoi, y entabló el resto de los juegos.
Al conocer las partidas, Fischer afirmó:
-Ha jugado endiabladamente mal, a mí no me ganará ni un juego.
Mientras ambos contendientes velaban las armas, una gran batalla se estaba desarrollando para organizar el encuentro, y numerosas ciudades se disputaban el honor ofreciendo cantidades fabulosas y nunca conocidas en el ajedrez. Veamos las más importantes: Belgrado, 152.000 dólares; Argentina, 150.000; Islandia, 125.000; Sarajevo, 120.000; Bled, 100.000; Chicago, 100.000; Alemania, 92.000; Brasil, 80.000; Holanda, 80.000; Montreal, 75.000; Zagreb, 70.000; Suiza 60.000; Grecia, 52.000; Francia, 50.000, y el cinco por ciento de los ingresos; Colombia, 40.000.
De todas esas ofertas el 67,50% sería para el vencedor y el 32,50% para el vencido.
En primer lugar se eligió la mayor oferta, o sea Belgrado, pero la Federación Rusa alegó que deseaban un escenario más neutral, ya que, en Yugoslavia, Bobby cuenta con grandes simpatías. Por su parte Spassky prefería Islandia, que tiene un clima similar al de su ciudad, Leningrado. Entonces comenzó un interminable diálogo entre la FIDE y los representantes de ambos jugadores, en el curso del cual se descartó Buenos Aires, por haberse disputado allí la semifinal del mismo campeonato entre Fischer y Petrosian.
Fischer contra Petrosian
Puestas así las cosas, el Dr. Euwe, presidente de la FIDE, tuvo que adoptar una decisión salomónica y repartir las partidas entre Belgrado (de la 1 a la 12, del 22 de junio al 18 de julio) y Reykjavik (de la 13 a la 24, del 6 de agosto al 1 de septiembre).
El acuerdo oficial fue firmado el 20 de marzo de 1972 en Moscú, entre las delegaciones rusa, norteamericana, islandesa, yugoslava y el vicepresidente de la FIDE, señor Rabel, de Puerto Rico. Como árbitro se eligió al Gran Maestro Lothar Schmid, de la República Federal Alemana, y que ya había dirigido el encuentro Fischer-Petrosian de Buenos Aires.
Parecía que todo estaba a punto, pero pocos días después de firmado el contrato, Fischer escribe a los organizadores de Belgrado una carta diciendo que exigía además una participación de los derechos de televisión, y que a causa de su preparación para el match no pudo asistir a Moscú para firmar el contrato, no habiendo autorizado a nadie a actuar en su nombre.
La noticia conmovió el mundo del ajedrez y Belgrado desistió a organizar el encuentro. Sin embargo, poco después se llegó a un acuerdo y se decidió que todas las partidas se jugasen en Reykjavik, del 2 de julio al 25 de agosto.
Reykjavik, Islandia
Todo el mundo respiró tranquilo y en la capital islandesa comenzaron los preparativos para el sensacional encuentro. Se habilitó el Palacio de los Deportes de Reykjavik, con capacidad para 3.000 espectadores, que tendrían que pagar unos cinco dólares por asistir a cada partida. Se instalaron circuitos cerrados para televisión, salas especiales para la prensa, se emitió un sello de correos, un matasellos especial, medallas conmemorativas de oro, plata y bronce y multitud de souvenirs. Los hoteles de Reykjavik comenzaron a recibir solicitudes y numerosas compañías de aviación a organizar vuelos charters. Mientras tanto, los aficionados esperaban impacientes la fecha del 2 de julio, fecha de la primera partida.
En los últimos días de junio comenzó de nuevo el "suspense". Boris Spassky ya se encontraba en Reykjavik, acompañado de los Grandes Maestros Geller, Krogius y Ney. Periodistas de todo el mundo aguardaban la ceremonia de apertura, y miles de aficionados recorrían la isla haciendo turismo y cábalas sobre el resultado los días precedentes al comienzo del sensacional encuentro.
Sin embargo, había algo que preocupaba: ¿Dónde estaba Fischer? Concretamente nadie lo sabía. Pero la bomba no tardó en estallar y el hecho ocurrió el 25 de junio. Fischer anuló en Nueva York su viaje a Islandia y envió unas nuevas condiciones, entre las que destacaba una en la que pedía el treinta por ciento del importe de las entradas de la televisión y de las películas. La noticia causó sensación; comenzaron las discusiones sin llegar a un acuerdo y así se llegó al 1 de julio, fecha en la que estaba prevista la ceremonia de apertura.
El acto se celebró en en el teatro nacional de Reykjavik, con asistencia del presidente de Islandia, Kristian Eldjard, miembros del gobierno, presidente de la FIDE, Doctor Euwe; presidente de la Federación Islandesa, señor Gudmundur Thorarinsson; embajadores de Rusia y Estados Unidos; el Campeón Mundial Spassky, etc. Todos menos el aspirante Robert J. Fischer. ¿Qué iba a ocurrir?
Todos pensaron que el sensacional encuentro no se celebraría, y así, el día 2 de julio, fecha en la que estaba anunciado el comienzo de la primera partida, los organizadores recibieron un telegrama del médico de Fischer, desde Nueva York, en el que afirmaba que el aspirante se encontraba enfermo, y otro de la Federación Norteamericana solicitando un aplazamiento del match.
Nuevas reuniones de urgencia en Reykjavik, nuevas discusiones y protestas de la Delegación Rusa, y nueva incertidumbre. El doctor Euwe decide enviar un ultimátum a Fischer diciéndole que la primera partida comenzaría el día 4. Así estaban las cosas, y cuando ya se creía que el match no se iba a celebrar, otra nueva bomba llega a Reykjavik. Un banquero londinense, Jim Slater, director del Slater Walter Securities, de 43 años y gran estusiasta del ajedrez, manifestó:
-Fischer ha dicho que el problema es el dinero. Bueno, pues aquí está, ahora vete y juega.
La oferta del banquero se elevaba nada menos que a 125.000 dólares, o sea que doblaba exactamente el premio, que ahora alcanzaba los 250.000 dólares.
Parece ser que el argumento, que por otra parte causó sensación, convenció plenamente a Fischer, quien llegó a Reykjavik a las siete de la mañana del martes día 4 de Julio, en vuelo directo desde Nueva York, acompañado de su segundo, el Gran Maestro William Lombardy, Campeón Mundial Juvenil en 1957, y actualmente, sacerdote jesuita. También le acompañaba su abogado Paul Marshall.
Bajó del avión, y casi sin permitir a los periodistas que le tomasen unas fotografías, se metío rápidamente en un automóvil trasladándose a una lujosa villa que le habían preparado, y que pronto fue rodeada por una comitiva de policías que no permitían acercarse a nadie.
Nuevas discusiones, nuevos temores de que todo se viniese abajo, pero al fin Fischer se excusó con el presidente de la FIDE y envió una carta a Spassky en la que le decía:
"He ofendido a usted y a su país, Rusia, donde el ajedrez tiene una posición de gran prestigio; le ruego acepte mis disculpas".
Anteriormente había declarado:
"Yo admiro a Spassky como jugador y le respeto como persona, él nada tiene que ver con los problemas financieros".
Por suerte todo quedó arreglado, y poco después los organizadores anunciaron que la primera partida comenzaría el día 11, a las 17 horas, y que a Fischer le correspondería jugar con negras. Se jugaría tres días por semana, los martes, jueves y domingos, y las aplazadas al día siguiente.
Con una expectación sin precedentes comenzó la primera partida. Todas las entradas estaban vendidas y un tablero de 7x7 metros permitía a todos los asistentes ver las jugadas cómodamente, mientras que un circuito cerrado de televisión repartía la imagen a otras salas, y los teletipos las jugadas a todos los lugares del mundo.
Una empresa norteamericana tenía los derechos de fotografías y televisión, y por la imagen de la primera jugada se pagaron 10.000 dólares. Fischer llega al escenario de juego con siete minutos de retraso, saluda a su rival, y comienza la partida.
El Campeón Mundial juega 1.d4, Fischer responde 1...Cf6, y por inversión de jugadas se llega a la defensa Nimzowitch. El encuentro toma un cariz de empate, pero en la jugada 29 Fischer compromete su alfil jugando 29...Axh2 y se llega al aplazamiento con una pieza de ventaja para Spassky y en una posición claramente ganada para el campeón.
Al día siguiente se reanuda la partida, pero una vez efectuadas unas jugadas Fischer abandona la sala durante treinta minutos, protestando por la proximidad de una cámara de televisión. Sólo volvió a la sala cuando le dieron suficientes garantías de que no sería molestado. Hizo varias jugadas y se rindió.
En la segunda partida, Fischer no se presenta a jugar porque la organización no transige con su exigencia de retirar las cámaras de televisión y el árbitro le da por perdido el juego.
De nuevo el mundo del ajedrez se conmociona. ¿No se continuará el match?
El "match del siglo" se ha convertido en el "escándalo del siglo", y Kissinger, consejero personal del presidente Nixon llama por teléfono a Fischer pidiéndole que continúe la lucha.
De nuevo comienzas las discusiones y Fischer pide que no se le dé por perdida la segunda partida, pero la organización no accede, ni la Delegación Rusa tampoco, en la que seguramente el único que deseaba jugar era Spassky, ya que este gran ajedrecista siempre ha demostrado una gran deportividad y jamás le agradó obtener victorias fuera del tablero.
Por fin Fischer se decide a seguir el match con la segunda partida perdida, pero con la condición de que se retiren las cámaras y se coloquen en otro lugar.
La organización no tuvo tiempo material para retirar eas cámaras y la tercera partida se juega en una sala cerrada, lejos del alcance de la vista del público, para poder efectuar los correspondientes arreglos mientras tanto.
En dicha partida Bobby rompe el maleficio y gana brillantemente.
En la quinta partida Fischer logra ya la igualdad en el marcador, y a partir de aquí la máquina de precisión que es Fischer ya no se detiene. Hasta la partida nº21 que decide el match se van sucediendo las victorias de Fischer alternadas con empates y con sólo una única derrota en la partida nº11.
La partida nº13 es una batalla de antología. Para Kasparov fue "una lucha memorable. Una de esas partidas que pasan a la historia". Botvinnik consideró que había sido "el mayor logro de Fischer en Reykjavik", mientras que Bronstein comentaría "De todo el match, considero que la 13ª partida es la más atractiva. Posiblemente porque incluso hoy, cuando la reproduzco por enésima vez, soy incapaz de entender los motivos subyacentes en este o aquel plan, o incluso algunas jugadas aisladas.... Como una misteriosa esfinge, sigue fustigando mi imaginación".
Y es que en una situación de partida increíblemente compleja, "Fischer encuentra una solución paradójica: ahoga su propia torre, pero bloquea el peón pasado blanco, atando el alfil a su defensa. Ahora cinco peones pasados estarán luchando contra la torre blanca. Nada similar había ocurrido antes en ajedrez. Spassky estaba pasmado y perdió. Smyslov pronto encontró la forma de hacer tablas para las blancas, pero ¿las habría encontrado ante el tablero sentado frente a Fischer?" (Botvinnik)
Ver la partida nº13
del match en visor
En la partida vigésimo primera, después de siete empates consecutivos, Spassky se derrumba. Fischer plantea de nuevo la Siciliana, pero en lugar de su acostumbrada jugada 2...d6, hace el movimiento 2...e6 entrando en la llamada variante Paulsen. Tras un juego inexacto del hasta entonces campeón mundial, se anota el triunfo. Es curioso hacer constar que la Siciliana, "el primer amor" de Fischer, le reportó el campeonato mundial.
Con esta victoria entró por la puerta grande en la constelación de ases que han escrito con sus proezas el "libro de oro" del mundo del ajedrez.
......
(Pablo Morán, "Bobby Fischer, su vida y partidas")