Detenido en Japón, 2004
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Fotos tomadas en Japón el miércoles 11 de agosto de 2004. Momento
en que las autoridades japonesas de inmigración trasladan al excéntrico
ajedrecista norteamericano Bobby Fischer, de 61 años, a la prisión
de larga duración de Ushiku en la región de Ibaraki, a la espera
de que se resuelva su posible deportación a los Estados Unidos. Y es
que el pasado mes de julio, el gobierno norteamericano solicitó a Japón
(país en el que Fischer ha estado viviendo semiescondido los últimos
meses) su extradición, a fin de hacerle cumplir una pena de 10 años
de cárcel que tiene pendiente desde 1992, cuando violó las sanciones
internacionales de la ONU sobre Yugoslavia, al jugar el célebre match
revancha contra Boris Spassky.
Fischer está luchando ahora para impedir a toda costa que sea entregado a Estados Unidos, nación a la que que en la actualidad odia y desprecia profundamente, y dónde según dice le espera "la cárcel y una probable muerte prematura". Para ello está apelando una y otra vez las resoluciones en su contra de la justicia japonesa, y busca que un tercer país le conceda asilo político, al tiempo que intenta nacionalizarse alemán (su padre "oficial" era de esta nacionalidad), y tramita además con rapidez un improvisado matrimonio con su amiga Miyoko Watai, presidenta de la federación japonesa de ajedrez, que de ser legalizado podría dificultar mucho su expulsión del país nipón.
Por otro lado, Fischer se ha quejado
del trato que recibió de los funcionarios japoneses en el aeropuerto
de Narita de Tokio, dónde fue detenido hace algunas semanas cuando se
disponía a viajar a Filipinas para ver a su hija. Según afirma
Fischer, "le cubrieron la cabeza con un saco y le maltrataron", según
parece, tras mantener un furioso enfrentamiento con ellos.