"En
la primera ronda del Campeonato Open de Estados Unidos, 1956, se enfrentó
Fischer, con trece años, contra el más veterano de la competición,
A. Swank, de Oklahoma, que contaba con setenta y ocho y una hermosa barba.
Público, prensa y televisión se volcaron alrededor de tan singular
encuentro, que ajedrecísticamente tiene poco valor, ya que quien jugó
como un niño fue precisamente el anciano, quien perdió un peón
en el medio juego sin ninguna compensación". (Pablo
Morán, "Bobby Fischer, su vida y partidas")